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Gonzalo Frasca: “La educación uruguaya es del siglo XIX”

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Licenciado en Comunicación, diseñador de videojuegos y poseedor de una gran experiencia en el mundo de las TICs, Gonzalo Frasca es un personaje por demás interesante. En este extenso mano a mano explica a qué se dedica, cómo llegó a posicionarse y qué pretende para el futuro transmitiendo pensamientos sobre varios temas de actualidad que interesan y preocupan a los uruguayos.

¿Cómo fue tu formación académica?

Asistí al Jardín de Infantes Montessorri, en Punta Gorda, y después fui al Liceo Francés ya que mi abuelo fue uno de sus fundadores y mi familia es francesa. Ahí hice el Bachillerato Científico con opción en Ingeniería. Luego fui a la Universidad Católica, donde estudié Ciencias de la Comunicación, también hice la Maestría en Diseño de Información en el Instituto Tecnológico de Georgia -más conocido como Georgia Tech- y además soy PhD (Doctor en Filosofía) en videojuegos por la Universidad IT de Copenhague. Dos años en jardín de infantes, seis años de escuela, seis de liceo, cuatro de universidad, dos de maestría y cuatro de doctorado: 24 años estudiando.

¿Por qué decidiste viajar a Estados Unidos en 1997?

Básicamente yo quería hacer cosas que pensaba que acá no se podían. Me interesaba el diseño digital y había hecho un CD rom -cabe aclarar que nuestro primer sponsor fue Netgate- a través de unos fondos que daba la Intendencia, el Fondo Capital, algo parecido a los Fondos Concursables del Ministerio de Educación y Cultura hoy en día. Lo interesante de eso es que quería dedicarme al diseño pero descubrí algo sorprendente, que fue obtener muchos sponsors muy fácilmente en poco tiempo. Me acuerdo de haber ido a Netgate directamente a tocar timbre, sin agendar cita. Me atendió Álvaro Lamé, le hice el discurso de lo que estábamos haciendo y nos dio a cambio hosting y acceso a internet, lo cual en ese tiempo era como un vaso de agua en el desierto. Me fui un poco a ver el mundo, viajé a una ciudad universitaria chica en Oregon, que nadie sabe dónde queda, pero ahí estaba Hewlett Packard, IBM, cerca de Seattle -que es donde se iniciaba en ese entonces Amazon-. No era California ni Nueva York pero pasaban cosas interesantes. Luego fui a Georgia.

¿La idea de entrar en la CNN fue para solventar tus gastos?

Claro, al principio me hicieron una entrevista de periodista y luego me preguntaron si sabía webmaster. Mentí descaradamente, estudié un par de días y no me fue mal. Luego volví a entrar como periodista, llegando a quedar como director de la parte de Ciencias y Tecnología. Este año no escribí nada, pero a veces escribo alguna columna. Era un trabajo que necesitaba, flexible a nivel de horas, porque yo estaba estudiando. En aquellos años, con el impulso de la informática y el saber escribir en español –recién se había lanzado el sitio de CNN en español-, eso fue muy útil. Como sé algo de otros idiomas también trabajaba en CNN Italia, CNN Brasil, como webmaster, y me permitió expandirme al mundo. Es interesante trabajar con periodistas, aunque no lo recomiendo mucho tiempo porque son todos depresivos alcohólicos y se transforman en cínicos rápidamente, aunque son adorables.

¿A qué se debió tu ingreso en Cartoon Network?

Me enteré que estaban buscando gente y a mí, contra lo que pensaba todo el mundo sobre que CNN era un gran trabajo, me interesó más Cartoon Network y me tiré de cabeza. Tardaron mucho tiempo en llamarme luego de que me postulé. Estaba en Atlanta, la misma ciudad que CNN, y los videojuegos y dibujitos son cosas para las que fui mandado a hacer.

¿Te planteaste llegar a trabajar en ese lugar?

Eso es algo que vi mucho en Europa o mismo en Estados Unidos, donde la gente planifica llegar a trabajar en tal o cual empresa durante toda su vida. Yo les explicaba que nunca me planteé eso porque vengo de un país chiquito, donde hay muy pocas oportunidades. El mundo era mucho menos globalizado, en aquel momento trabajar en CNN o Cartoon Network era algo para cinco o diez uruguayos, no digo que ahora haya demasiados pero es un poco más fácil porque hay más acceso. Muchísimas empresas multinacionales trabajan con gente de todo el mundo en estos momentos. En aquel entonces era una cosa extraña aunque tenía sus ventajas. Por ejemplo llamabas en nombre de CNN y todo el mundo se ponía súper atento.

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¿Cómo fue ese día? ¿Golpeaste la puerta en Cartoon Network?

En realidad es la misma multinacional, ambos canales le pertenecen a esa empresa. Internamente había un boletín de trabajo, yo lo vi y no lo podía creer. Le dije al que estaba al lado mío “este trabajo es para mí, me lo van a dar”, con mucha certeza. Les expuse lo que querían escuchar, que me encantaba el mundo de la animación, los videojuegos, que hablaba español, que sabía hacerlos. Era el boom de las dot-coms -valores económicos de empresas vinculados a internet-, lo cual hacía que fuera un momento bastante extraño. Otra gente estaba muy focalizada en meterse en una compañía y hacer millones, pero yo lo que quería era un trabajo divertido para poder estudiar. No necesariamente tenía que ser algo innovador, como inventar algo que no estuviera en la web.

En ese entonces, ¿qué videojuegos le gustaban a Gonzalo Frasca?

Mi relación con los videojuegos es bastante distinta de la del consumidor tradicional, no digo que sea mejor o peor, pero es muy fermentada. Hay momentos en que me gustan mucho algunos juegos pero no “nacional-peñarolizás” la experiencia, rescatás algún aspecto de uno o de otro. Recuerdo lo que me dijeron en mis primeras clases de cine en la universidad, que desde el momento en que comenzás a analizar el cine desde una mirada crítica dejas de disfrutarlo como lo hacías antes. Se goza de otra forma, más intelectual, no necesariamente mejor. El placer del juego para mí a veces es tratar de entender por qué le gusta a otra persona que no soy yo. ¿Por qué otra persona se cuelga con esto que a mí no me dice nada?

¿Pero eras de jugar juegos de guerras, de autos, de fútbol?

Sí, en general me divertían los de guerra, de puntería, de matar monstruos, pero trato de balancear todo. Cuando sale un juego popular que no me atrae lo compro igual o lo bajo, le doy la chance. Es algo muy poco glamoroso.

¿Pro Evolution Soccer o FIFA?

Han cambiado mucho ambos. Originalmente mi corazón estaba con el Winning Eleven, que era como se conocía al Pro Evolution, y después el FIFA se mejoró. Generalmente los juego con mis amigos que no se dedican a esto y los hijos de ellos me pintan la cara. El último partido que jugué lo perdí 10 a 1. Antes estaba eso de que si hacés videojuegos tenés que ser un crack en todos, y no es así, para nada.

Ahora hay juegos que están medio de moda, como los de fútbol, el Counter Strike o el Call of Duty….

Creo que una de las cosas buenas de internet es que las modas varían mucho según las edades o grupos. Yo viajo mucho, y por ejemplo puedo hablar del Minecraft con un nene de otro país, o de Pocitos, o de Casavalle. Ese juego es como una especie de idioma universal de los niños, si tuviera tiempo se lo dedicaría un poco más. Uno no puede estar al tanto de todo. Me gusta preguntar pero preguntar bien a los niños, no decirle -por ejemplo- “¿qué hiciste hoy en la escuela?”, sino “por favor, contame qué hicieron hoy en la escuela”.

¿Y con el Pokémon Go?

Lo probé un poco, conocía varios juegos de Pokémon de hace mucho tiempo. Confirmé que llegó a la madurez dentro de ese tipo de juego, venía por el lado que yo esperaba. Más que jugarlo observé un poco las reacciones de la gente, y los miedos. Ahora que no soy tan pibe es ver cómo los veteranos nos asustamos de cosas que no entendemos o las tildamos de estúpidas. Solo hay una cosa más estúpida que correr atrás de una pelota y es enojarte por alguien que corre atrás de una pelota. No digo que el fútbol sea una estupidez, pero si el Pokémon Go es una estupidez el fútbol también lo es. Son juegos. Es un tema de sensibilidad, algunos se asombran porque se muere alguien jugando a ese juego, y en realidad si estás jugando al fútbol en la calle te puede pasar un auto por arriba. Esa fobia también le da una cosa de rebelde al juego, que es interesante porque estamos en un momento en donde ser de izquierda no es más rebelde, ni fumar marihuana ni ser gay, entonces cuando el establishment te absorbe y te transformas en la norma hay que ver por dónde sale la rebeldía. No quiero que titulen “jugar Pokémon Go es más rebelde que fumar marihuana” pero hay algo de eso. El juego tiene rebeldía y una cuota de libertad. También el tema de comunión, el jugar de a muchos, a veces la gente se junta y no sabemos para qué.

Pero también hay juegos que son modas, como el Candy Crush, ¿no?

Que sean modas no es tan grave en el sentido de que, en mucho de los juegos, necesitas que haya una cultura alrededor. Para que haya eso se necesita gente. Con el Candy Crush eso es muy grande, o mismo con el Minecraft o el Pokémon Go, que son de los juegos más grandes de la década. Se puede comparar con la música, eso de que yo seguía a un grupo antes de que se hiciera famoso y luego se vendieron. Con los juegos está bueno que se popularicen cosas, el problema es si solo te quedas ahí, jugando sin tratar de descubrir cosas nuevas.

¿Qué dibujitos te gustaban antes y ahora? ¿Siempre mantuviste la misma línea?

Me pasa un poco lo mismo que con los juegos, parte de mi trabajo era estar encerrado semanas mirando temporadas enteras de dibujos. Si hacía un juego sobre un show me miraba todos los capítulos de ese show hasta entender los personajes, sus motivaciones, tener conocimiento enciclopédico, etc. Muchas veces es un embole, algunos dicen “te pagaban por mirar dibujitos” como que es el sueño del pibe, y no es así. Es lo mismo que tomar helado, llega un momento en el que no querés más. Para mí los dibujitos fueron muy importantes desde chico. Hay un tema de la pantalla como objeto de deseo mágico. Por ejemplo, tengo una beba de seis meses y quiero enseñarle a gatear, no puedo decirle “gateá” porque no funciona. El único objeto que puedo ponerle lejos y sé que va a ir a él es un celular. Las pantallas se comportan distinto del resto del universo, violan las leyes de la física y del resto de las cosas. No deberían funcionar, no deberían aparecer imágenes y sonidos en una pantalla. Es una especie de metaobjeto mágico. Nosotros no nos damos cuenta porque estamos acostumbrados, pero un bebe que no habla sí se da cuenta. Es realmente lo más mágico que ha aparecido en nuestra civilización, como objeto, el poder crear una realidad alternativa física -porque no es solo audiovisual-. Ahora está de moda lo de la realidad virtual, yo ya me quemé con leche cuando eso apareció. Tiene más peso antropológico la pantalla, y mi fascinación siempre fue con ella. Cuando iba a la escuela imaginaba que arriba de la maestra había un televisor pasando los Picapiedras, y me hacía historias.

Los dibujitos de antes, ¿eran distintos a los de ahora?

Han variado mucho, los de ahora son mucho más complejos. Cuando salió Ben 10, que lo hicieron unos amigos míos, se pusieron a pensar qué haría de verdad un niño de diez años si tuviera superpoderes. En cierta medida es algo que empezó a pasar en los años 80 desde los cómics como Dark Knight o Watchmen, qué pasaría si eso fuera de verdad. Hay una serie inglesa muy buena que se llama Misfits, que es como X Men pero son infantos juveniles que están en un centro de trabajo comunitario, les cae un rayo y se transforman con superpoderes. Son pibes pobres de Inglaterra, es como si fuera 25 Watts pero con superpoderes. Al final están mirando el horizonte, pensando en si van a salvar al mundo o a combatir la injusticia, y uno dice “pero nosotros no somos gringos” entonces se van a afanar cerveza, o algo del estilo. Ben 10 es un poco lo mismo, la idea de cortar con Superman, ese personaje que alardea de sus poderes.

Yo si tuviera diez años y me das un superpoder lo haría más egoísta…

Ben 10 al principio era eso, después se adaptó. Se guardaba cajas de cereales y cosas así.

¿Y si vos tuvieras diez años y te dan un superpoder?

Si tuviera diez no sé. Hay un superpoder que es el del delivery, apretar un botón de tu celular y que un empleado arriesgue su vida para traerte comida caliente, es una de las cosas más increíbles de la historia de la civilización. Había un programa de radio en el que se le daba la opción a la gente de elegir entre volar o ser invisible, y te hacían una especie de psicoanálisis según la que elegías. Hoy elegiría volar, capaz que mañana el otro. Hay una santa de la Iglesia Católica -la novia no confesa de San Francisco de Asís- que es la santa patrona de la televisión, porque cuando estaba en la casa y no podía ir a misa la veía proyectada en la pared de su cuarto. Es un poco lo que me pasaba con los Picapiedras, así que voy a elegir el superpoder de esta santa, ver televisión a la distancia. Volar es para amateurs.

¿Cómo siguió tu carrera luego de los Estados Unidos?

Volví a Uruguay, empecé Powerful Robot -mi estudio de videojuegos- y después me fui a Europa a hacer el doctorado. Lo de Estados Unidos fue básicamente aprender a tener una empresa, a dirigir equipos, a trabajar desde acá para estándares que acá no existían. Para eso fue fundamental mi formación en televisión, porque la carrera de Comunicación la hice focalizada en televisión. No era lo mismo pero mucho de lo que aprendí ahí realmente me sirvió. En Europa pasé por Dinamarca, Suecia y Francia (seis meses de estadía en Angulema, donde se hace un festival de historietas). Viví en el Museo de la Historieta, ya que el propio museo dispone de apartamentos para alquilar. Ese fue otro de los sueños del pibe, aunque no era un momento particularmente alegre ya que estaba terminando la tesis, divorciado, pero igual me gustó.

¿Cómo fue crear un videojuego y que luego se utilice para una campaña presidencial?

Eso fue una conexión con mi infancia. Es interesante, siempre pensé que no sabía nada de fútbol hasta que me fui de Uruguay. Acá era el que menos sabía de mi grupo de amigos, pero afuera tenía más conocimiento que cualquier otro. Somos unos enfermos mentales, lo mismo que con la política. No te das cuenta lo politizado que está el Uruguay hasta que vas a un país de verdad, si vas a Argentina o Italia no te das cuenta ya que están igual de enfermos. La gente no habla de política en otros lados, ni tienen el training que nosotros tenemos. Nací en 1972, casi con el golpe de estado, y me crié toda la vida en dictadura. Cuando terminó yo tenía 13 años entonces tampoco me tocó la etapa de adolescente rebelde sobre el final de la dictadura, sino que soy un producto del gobierno cívico-militar. La política siempre estuvo en mi cotidiano, al principio por ausencia -porque no se hablaba o era en secreto- y más participativamente a partir de los plebiscitos del 80. Fue más público en el sentido de que se podía hablar de eso. Ahora la utilizo a veces por entretenimiento, por ejemplo al mirar la política argentina, y de la uruguaya no sé qué decir. Ni siquiera es decepción ni desencanto, eso ya fue hace tiempo. En el fondo me importa, es algo de lo que escribo y discuto con amigos, pero capaz que estoy más analítico. Por más que la gente piense que hago videojuegos, el corazón de lo que a mí me motiva es la comunicación, la persuasión, crear un vínculo y un diálogo con el otro. Estamos en un momento interesante, después de vivir los cinco años de presidencia de Mujica, y tenemos a Donald Trump ahí, que es una especie de doctor bizarro. Tienen muchos puntos en común. Obviamente prefiero a Mujica. Entre Trump y Hillary elijo a ella, aunque empezó haciendo campañas contra los videojuegos en los 90. Fue su caballito de batalla junto a Joe Lieberman. Decían que los jóvenes se perdían por culpa de los juegos, un discurso muy fascista.

¿Qué es ser de izquierda o de derecha hoy en día?

La izquierda supuestamente dice ser progresista. No hay sistema de educación más conservador que el uruguayo, si bien está facilitado y perpetrado por un gobierno de izquierda. Ese es un tema complejo. En los hechos, sin lugar a debate, lo que hacemos hasta ahora es algo totalmente conservador. Decir que sos progresista es como decir que sos bueno, capaz que hay gente que cree que es 100% buena. Es como el caso de Superman, cuando dejamos la edad de los dibujitos nos damos cuenta que es un poco más complicado, podés ser progresista o conservador en algunos aspectos pero en otros no. Autodenominarte así es problemático, pero denominarte revolucionario -como Sendic- ya es un delirio. Él tiene toda la libertad de ser limitado intelectualmente, es su derecho y no me molesta, el tema es cómo alrededor se le da vida. No creo que sea un insulto decirlo, hay argumentos. El momento actual es interesante, antes se le daba más bola a los argumentos retóricos. Ahora no les importa contradecirse, vuelvo al ejemplo de Mujica o Trump. Ayer dicen A y hoy dicen B.

Por ejemplo con la Ley de Medios…

Ejemplos hay millones. Alguien tuiteaba el otro día que hay un montón de periodistas buscando contradicciones en el pasado de Trump, y si buscás pelearle la elección así no sirve, perdiste. Eso no quiere decir que sea el fin del mundo, significa que si querés cambios reales necesitas argumentos y herramientas de comunicación sólidas. Entenderle la cabeza a tu interlocutor y llegar ahí. Si gana Trump es un level up de Bush, si yo viviera en ese medio tendría mucho miedo. Creo que tiene chances de ganar, están 50-50.

¿Qué es investigar los juegos?

Técnicamente hace tiempo que no lo hago en el sentido tradicional, que es publicar papers. Lo más formal de la investigación académica hace tiempo que no lo hago. El doctorado lo hice por hobby, porque realmente me interesaba dedicarme unos años a investigar este tema. Si bien dirijo una cátedra en una universidad no es mi principal trabajo ni mi principal fuente de ingresos, es algo que hago con mucho gusto. Mucha gente que tiene un PhD se dedica a ser académico full time y a mí no me ha interesado para nada, y eso que es mejor que ser funcionario público. Es media anarquista mi investigación, lo que hago es reflexionar sobre temas y crear también. Es mucho más efectivo, si querés decir algo sobre los juegos, hacer un juego en lugar de publicar un artículo que va a pasar años para publicarse y mucha gente te va a corregir comas y cosas. “Res non verba”, hechos, no palabras. También está la parte de difusión, dar conferencias, que me enriquece mucho. Normalmente la gente escribe libros, a mí nunca me dio. Ahora en breve voy a México a un evento, el primero de Latinoamérica con latinoamericanos de diseño de videojuegos para aprendizaje, llamados educativos. Es algo muy interesante y me metí en eso porque es muy difícil. Antes me pasaba que hacía juegos de dibujos y me aburrí. Era un buen aburrimiento, hay algunos mejores que otros, es mejor aburrirse en una juguetería que en el medio del desierto. Trabajar haciendo juegos para aprender cosas es tan complicado, le agrega una complicación adicional comparado a hacer juegos para entretener, que cuando puedo leo sobre el tema. El año pasado, por ejemplo, di una charla en Paysandú para padres y otra para profesores, y no es decir que prefiero estar con estos últimos sino que las dos cosas son disfrutables para mí. El desafío es tratar de que entiendan lo que estás tratando de decir e intentar entender lo que te preguntan y te proponen. Eso es tan importante como testear un juego o leer libros. Hace un año que estoy trabajando con WeWantToKnow, un estudio del que siempre fui fan. Realmente en videojuegos educativos la gran mayoría es basura, es como vender medicina antes de que exista un control de calidad. El mes que viene comenzamos un piloto en Noruega con mil niños de escuelas, estamos haciendo todo el programa de matemáticas escolar con videojuegos, libros, canciones, juguetes, es un paquete gigante, como si fueran muchos juguetes. Vos no le decís al pibe cómo funciona, se los da la maestra, se sientan todos juntos y lo investigan. Van apareciendo bichos, por ejemplo el del número siete se puede dividir en siete bichitos. No se les explica nada, se los deja un tiempo tratando de entender qué es todo eso. El método pedagógico es ese, dejarlos jugar y luego ponerlo en común. Capaz que algunos se dan cuenta de qué significan los símbolos y otros no. Somos 15 personas haciendo esto, desde París, Polonia y acá. No quiere decir que vaya mágicamente a cambiar el mundo, pero nunca vi nada parecido en lo que son conceptos de matemática. Es la primera vez que estamos haciendo algo para la escuela, fuimos a preguntar en 18 escuelas noruegas y todas dijeron que sí. Además de hacer juegos de tabletas para las casas, los padres, estamos metiéndonos en el aula y es un desafío alucinante.

¿Esto es el Dragon Box?

Sí, la empresa se llama WeWantToKnow pero la serie es Dragon Box, este es un piloto.

¿Te permite aprender álgebra 20 veces más rápido?

Este es un juego para primer año de escuela sobre números, cantidades, medidas, etc. Es una cosa mucho más concreta, y es ese tipo de cosas en las que creo que puedo aportar. Soy diseñador y comunicador, esa es mi tarea, después hay cosas de las que he leído -como el funcionamiento de los sistemas educativos- y tengo opiniones, pero me siento mucho más cómodo con estos macaquitos.

¿Cómo ves la implementación del teletrabajo?

Yo trabajo ahora, por primera vez en mi vida, con Noruega y con París. Me acuerdo cuando Álvaro Lamé empezó con eso, hace mucho tiempo, y yo pensaba que estaba bueno pero tampoco para tanto. No había Skype, ahora lo que tengo en una tableta lo puede ver un montón de gente en pantalla, algo que antes no existía. Lo más interesante del teletrabajo no es la parte tecnológica sino la parte de los tiempos, psicológica y social. Estoy haciendo teletrabajo después de haber sido mi propio jefe y tener una libertad muy grande, que ahora sigo teniendo. No volvería a trabajar en una oficina salvo que fuera por algo en lo que religiosamente creyera, como por ejemplo el proyecto de Noruega. Es complicado gerenciar los horarios, sobre todo porque trabajo con gente que está en el futuro, cinco horas adelantados. Trabajar desde casa me permite estar muchas más horas con mi hija, sobre todo ahora que es beba, y eso no lo cambio por absolutamente nada. También implica viajar para verse cara a cara. Siempre trabajé a distancia para clientes extraños pero no era teletrabajo, era más bien proyectos. Recuerdo que cuando trabajaba para Disney hablé con uno de los gerentes y me dijo que tenía 23 empresas en el mundo que trabajaban para él. De todos esos había dos, un ruso y yo, que íbamos dos o tres veces por año a tomar un café con el tipo. Me lo dijo como un elogio, no para ser amigos, sino para rescatar que el vínculo personal es súper importante y tener claro que si no se genera ese vínculo vas a ser el primero en ser echado cuando haya que reducir personal. Se trata de aprovechar la oportunidad y entender las dinámicas sociales que aparecen junto a eso. En mi caso sé que no me van a echar, pero requiere ir a ver a mis colegas para mejorar el funcionamiento. Si todo anda bien a distancia hay que ir personalmente porque se puede mejorar. En pocas palabras está buenísimo el teletrabajo, pero tratá de verle la cara a las personas con las que trabajas, ya sea porque ellos te lo paguen o ahorrando para viajar.

¿Cómo viste el avance de la tecnología en Uruguay?

Yo no tengo fibra óptica, tengo en el estudio pero no en mi casa porque vivo en Barrio Sur y no quiero usar la “race card” (expresión norteamericana sobre ser discriminado), pero Antel no nos puso. Más allá del chiste está buenísimo lo de la fibra, de la misma manera que es una estupidez lo del Antel Arena. Es algo que la gente no puede creer cuando voy a otras partes del mundo, les hablo de eso, del Plan Ceibal y la matriz energética y quedan sorprendidos, aun en universidades grandes de Estados Unidos o de Europa. Creo que eso va a dar sus frutos a mediano plazo. A nivel de tecnología el gran problema que tenemos en Uruguay es que estamos viviendo de prestado. Se habla de la tecnología como algo que se le agrega a la realidad, y hoy en día está tan metida en la realidad como el agua o el aire. Realmente necesitamos formar mejor a la gente. Está bueno que los niños tengan computadoras, pero si no saben leer o escribir bien y no entienden, no se pueden resolver problemas lógicos y crear soluciones. Viene muy mal el futuro del Uruguay.

Graciela Bianchi dijo que con el Plan Ceibal se crean idiotas informáticos.

Eso es como hablar de violencia en los videojuegos, es un debate en el que ni vale la pena entrar. Como la gente que le tiene miedo al Pokémon Go. Es cierto que la escuela uruguaya crea un porcentaje de idiotas no informáticos grande, es trágico, creo que eso es lo que más me asusta. No le tengo miedo a la ceibalita sino a lo que sale de las escuelas o los liceos. No mido a la persona, sino a la falta de herramientas y de futuro. Es muy punk todo, con aquello del “no future”, siempre terminamos volviendo a los 70.

¿De qué manera calificarías las políticas educativas del Uruguay?

Creo que no tiene políticas educativas, salvo el Plan Ceibal se está intentando mantener todo como estaba antes. No quiero ser injusto, algunas cosas se intentan, pero si tu cirujano está operando a tu hijo  y no lo puede salvar, aunque lo intente no hay que darle una medalla por eso. A nivel de datos concretos está muy mal el panorama futuro. Más allá de las políticas me parece que el problema es que la educación no se va de la política. Es la parte que parece más útil pero es la menos, la parte del poder de la educación. No se habla de qué queremos aprender, cómo queremos aprender o para qué. En Uruguay no hay espacio para ese debate porque se distrae con que tal político dijo tal cosa, o se peleó con tal sindicato, etc. Nos quedamos en esa sin preguntarnos qué podemos hacer con lo que tenemos. Los últimos cinco años fueron claramente perdidos en la educación, pero sí hay que reconocer que el Plan Ceibal -dentro de las limitaciones que tiene- ha generado cosas buenas. Es como que te críes en una familia que a nivel de calefacción está bárbaro pero comida no tenemos. La calefacción anda bien, la electricidad y el internet también, pero si comés solo en McDonald’s no va a funcionar. Todo es mejorable, y la mejor forma de hacerlo es saber cómo se hacen las cosas en otros lados. La única posibilidad de cambio real no va tanto por la política sino más bien por la parte de comunicación. Cuando se propuso el Plan Ceibal saltaron los docentes y sindicatos de punta contra él, pero se hizo igual porque la gente quería que los hijos tuvieran computadoras con acceso a internet, y los nenes también. Nunca hay que subestimar a un niño. Recuerdo una entrevista con un chico emocionado que decía “me di cuenta que mis padres nunca me iban a poder comprar una computadora”, y estaba feliz porque al fin la tenía. Lo que aprendí de las elecciones pasadas fue que a los políticos les interesó hasta cierto momento y después lo dejaron, porque en política la educación sirve hasta cierto punto. Se ganan elecciones más a bolsillo que a acciones a futuro. Hay que mostrarle a la gente que es muy buena la ceibalita pero que se están perdiendo cosas a futuro. En otros lados, por más arruinadas que estén las familias, la enorme mayoría de los padres quiere las mejores oportunidades para los hijos, el tema es cómo mostrarlo y comunicarlo.

En una entrevista criticaste las pruebas PISA, ¿cuál es la razón?

Las pruebas PISA son una foto, una medición, y como toda medición tienen sus limitantes. El problema no son tanto esas pruebas o no sino cuando todas las mediciones dan mal, ahí hay que preocuparse. Es una cosa útil, pero no todas las decisiones educativas tienen que tomarse por ese lado. Son test estandarizados a lo gringo, hay formas mejores de hacer las cosas, como lo que hablamos del proyecto para las escuelas noruegas. Podés evaluar a medida que se juega, y si lo jugaste 100 veces y lo resolviste 85 quiere decir que lo entendiste, porque la evaluación hay que hacerla a medida que se aprende el concepto. Lo mismo pasa con un juego, si no entendés las reglas no podés pasar de nivel. Si un libro te pone 20 sumas y hacés mal la primera, vas a hacer mal las otras 19. En cambio si eso pasa en la computadora el mismo programa te puede explicar el porqué de la equivocación, te da feedback inmediato. Eso te da chance de que puedas hacer bien el resto, aunque siempre se necesita un docente que te explique qué se hizo bien o mal. En este sistema vas jugando, haciendo ejercicios, y cuando se completa el nivel aparece una prueba de texto obligatoria. Si es bien resuelta entonces se desbloquea el siguiente nivel para seguir jugando y aprendiendo. Es un tema filosófico, yo te testeo para quedarme tranquilo de lo que creo que sabes, no voy a testear antes de que lo sepas, sino es algo torturante. También se evalúa porque hay un señor en un ministerio que quiere los numeritos, pero la primera prioridad tienen que ser los niños y no los números. Por ese lado viene mi desconfianza a PISA, aunque es una buena manera de visualizar algunos problemas graves. Hay tanta deserción liceal que, cuando los testean, los peores ya se fueron del liceo, entonces si aplicaran las pruebas cuando están los peores estaríamos muchísimo peor.

¿Cómo viste la implementación de liceos como el Jubilar y el Impulso?

Trabajé un año en el Jubilar como voluntario en un taller de creación de videojuegos. Mete tres dedos en tres ventiladores diferentes en la psiquis uruguaya. Uno es la separación de la Iglesia del Estado, yo soy bastante jacobino y no me gustan las iglesias. Va contra eso de “laica, gratuita y obligatoria”, que es una especie de Sagrada Trinidad vareliana. La educación uruguaya es del siglo XIX, mal gestionada, esos liceos lo que hacen es mejorar la gestión. Pueden ser mucho mejores que otros.

¿El tema es quién los dirige?

No tanto. A esta altura que venga el Sindicato de la Cerveza, la Iglesia Católica, el Ku Klux Klan o el Club del Clan y hacen propuestas distintas, yo agarro cualquier cosa, en el sentido de que esté dispuesto a experimentar. Muchas veces los políticos lo ven como una salvación y creen que tenemos que hacer 200 Jubilar, eso es no entender cómo funciona un sistema educativo. Es algo estatal, una máquina gigantesca,  y necesita estandarizaciones, procesos, no es lo mismo que hacer una cosa a voluntad, sin quitarle méritos. Tampoco son la panacea (medicamento que puede curar muchas enfermedades), te preparan muy bien con las limitaciones de un programa que te obliga a tener el Gobierno, hecho para un mundo que dejó de existir. Creo que el mundo ya cambió dos veces desde esa concepción. El ejemplo que siempre doy es que, en la misma semana que murió Varela, Thomas Edison inventó la lamparita. Ni siquiera había enchufes en la época de Varela, y seguimos obsesionados con él. No sé si será la barba, que tendrá algún fetichismo en los uruguayos. Los países que se hacen laicos a prepo tienen que inventar sus santos, y claramente este es un caso.

¿Cómo crees que va a avanzar la tecnología de acá a 20 o 30 años?

No tengo idea. Con respecto a avanzar no sé, sí a implementar lo que ya existe, el tema de la automatización y los robots. Eso ya viene, y quizás -ojalá que no- se tome consciencia de la necesidad de cambiar la educación cuando el nivel de desempleo aumente radicalmente por éstas causas. Tenerle miedo a los robots es muy de los años 50, es divertido pero es verdad, van desapareciendo ciertos trabajos que no necesariamente se reemplazan por otros. Los japoneses tienen robots que recogen frutillas, lo más difícil de cosechar, y trabajan 24 horas al día los siete días de la semana. El PIT-CNT puede decir lo que quiera y ellos siguen trabajando. Además tiene implicancias económicas gigantescas en el sentido de que la ventaja que te da tener los robots hoy es un capital que después, por más que otro tenga la plata para comprarlos, no me puede competir. Puede llegar a generar una tendencia a los monopolios, sacás el factor humano y los costos se reducen tanto que luego fabricar robots es una cosa exponencial, no lineal. No digo que vaya a pasar pero es posible.

Has creado varios juegos que ayudan a la concientización de la gente con el tema de los atentados, ¿sería momento de crear alguno ahora?

No creo, ahora mi objetivo es que los niños de primer año puedan aprender matemáticas y a consecuencia de eso se diviertan, no es que mi objetivo sea que se diviertan, sino que cuando aprendés cosas nuevas y están copadas suele ser divertido. No digo que esté mal focalizar en el tema de los terroristas, pero me parece mucho más útil e interesante esto ahora. Cuando hice el juego de los terroristas no entendía tanto la matemática como lo hago actualmente.

¿Qué cosas te quedan en el debe?

No es que me planteé hacer tal o cual cosa, entonces estoy como en la bola extra de los flippers, acepto lo que me toca. Hay lugares del mundo a los que quiero viajar, aunque viajo bastante de todas formas. El mes que viene hago los coros en el disco de un amigo así que puedo tachar lo de estrella de rock, no va a quedar en el debe.

¿Por qué no corre más Powerful Robot Games?

Lo cerré porque, como decía, estaba aburrido de lo que estaba haciendo. Era un buen aburrimiento pero necesitaba algo más. Es muy distinto gerenciar una empresa que diseñar juegos, uno a veces hace una cosa para hacer la otra pero terminas llevando adelante lo que no te gusta tanto. Está bueno además terminar las cosas, colgar los guantes, no esperar. Darte cuenta antes de que los hechos te lo muestren, y probar cosas nuevas.

Finalmente, ¿Cómo te definís?

Generalmente digo que soy diseñador, esa es mi manera de presentarme. Soy mucho más uruguayo de lo que parece. A veces acá la gente en la calle o los cuidacoches me hablan en inglés porque me ven vestido un poco distinto a lo tradicional, pero afuera todo el mundo me dice que me paso hablando de Uruguay. Es raro, acá me ven más agringado y afuera al revés. Como viajo mucho y doy conferencias tengo acceso a públicos interesantes. Lo único que hizo bien Mujica fue eso, haya sido de carambola o no, que en el resto del mundo sepan que existimos. Si no sabés que se pueden hacer cosas buenas y distintas, hablando de la educación, no lo vas a pedir, como si no sabés que existe el helado no lo vas a pedir de postre. Mi definición es que soy un diseñador uruguayo.

Autor: Marcos Harispe